Vivir el Evangelio cada día

31.05.2026

La comunidad de Málaga celebró un Servicio Divino centrado en la gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo. La visita de fieles de la comunidad de Rothenburg (Alemania) enriqueció una jornada marcada por la reflexión y la fraternidad.

El domingo 31 de mayo, la comunidad de Málaga celebró un Servicio Divino basado en las palabras del apóstol Pablo recogidas en 2 Corintios 13:14: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.»

La jornada contó además con la visita de fieles de la comunidad de Rothenburg (Alemania), cuya presencia contribuyó a fortalecer los lazos de comunión y hermandad entre ambas comunidades.

Durante el desarrollo de la prédica se profundizó en la manifestación de la Trinidad a través de tres aspectos fundamentales: la gracia del Hijo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo.

El Pastor dirigente de la comunidad de Rothenburg ocupó al altar previa autorización de los Apóstoles de distrito Arne Herrmann y Michael Ehrich.

En relación con la gracia del Señor Jesucristo, se destacó que se trata de un amor inmerecido, un regalo que el ser humano no puede ganar por sus propios méritos. Esta gracia se manifiesta en la entrega y muerte de Jesucristo para la salvación de la humanidad. Asimismo, se recordó que quien recibe esta gracia está llamado a reflejarla en su trato con los demás, actuando con misericordia y comprensión incluso cuando considera que el prójimo no lo merece.

Al abordar el amor de Dios Padre, se explicó que el Apóstol Pablo lo sitúa en el centro del versículo como elemento de unión. Dios es la fuente de la redención y quien, por amor, envió a su Hijo al mundo para la salvación de los seres humanos.

Respecto a la comunión del Espíritu Santo, se señaló que su significado va más allá de una simple unión entre personas. Se trata de una verdadera comunidad fundamentada en un propósito divino. Esta comunión no surge de intereses materiales o personales, sino del deseo común de que se cumpla la promesa de Dios y de caminar juntos hacia la meta de la fe.

Como conclusión, se invitó a los presentes a guardar en su corazón tres preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Cómo actúo con la gracia que me es dada delante de mi prójimo?
  • ¿Cómo actúo ante el amor que recibo del Padre, de manera que Él pueda ver que vivo conforme a lo que me ha enseñado?
  • ¿Cómo actúo frente a la comunión del Espíritu Santo?

En este último aspecto, animó a cada uno de los presentes a examinar si contribuye a fortalecer y restaurar la comunión dentro de la comunidad, recordando que una palabra, un gesto o incluso una mirada pueden ayudar a edificarla o, por el contrario, debilitarla.

El Servicio Divino concluyó con el deseo de que cada creyente pueda hacer suyas estas preguntas y llevarlas a la práctica en su vida cotidiana, reflejando la gracia, el amor y la comunión que proceden de Dios.