Desde el primer momento, ellos asumieron cada tarea con responsabilidad y alegría. Prepararon el altar, pusieron los himnos, dirigieron el coro, tocaron el armonio, cantaron, se reunieron en la sala de ministerios para orar antes del inicio del Servicio Divino y todo lo que involucra ser parte activa de una comunidad… ¡Cada detalle estuvo en sus manos!
Participaron los niños de la comunidad de Valencia, junto a tres pequeños de la comunidad de Denia y uno de Zaragoza, mostrando que, aun siendo de distintos lugares, se comparte una misma fe.
El texto usado como base para el servicio divino fue: «Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.» (Lucas 5:18–20)
El mensaje estuvo basado en la historia de aquellos amigos que llevaron a un paralítico delante de Jesús. A través de diapositivas, lecturas y preguntas guiadas por los propios niños, la historia fue tomando vida. Recordamos cómo Jesús, primero, perdonó sus pecados y luego lo sanó.
Pero la enseñanza no quedó solo en el milagro. La pregunta que resonó durante toda la jornada fue clara y profunda: No solo ver cómo Jesús ayuda… sino preguntarnos: “¿Y tú ayudas a tus amigos?”
Cada situación fue llevada a la realidad cotidiana de los niños: en la escuela, en casa, con sus compañeros. Porque la fe no es solo escuchar una historia, sino vivirla.
La juventud también aportó su toque especial con una actuación inspirada en el mensaje compartido durante el Servicio Divino, dando continuidad y fuerza a lo que se había reflexionado.
Uno de los momentos más emotivos fue ver a una niña de Denia tocar el piano durante el himno de arrepentimiento. Un instante sencillo, pero lleno de sensibilidad y entrega.
Y como broche de su participación pudieron entonar un himno, acompañados por un joven tocando la guitarra.
La jornada transcurrió entre risas, participación y verdadera comunión. Como comunidad, pudimos ver el futuro reflejado en esos pequeños integrantes… pequeños en edad, pero grandes en fe.