Visita del Obispo Alganza a las comunidades de Centelles e Igualada

03.09.2026

Las comunidades de Centelles e Igualada recibieron con alegría la visita del Obispo Alganza. Dos Servicios Divinos que invitaron a reflexionar sobre la paz, la unidad y la importancia de dejarse guiar por la luz de Dios.

Durante el último fin de semana de agosto, las comunidades de Centelles e Igualada del distrito de Cataluña, recibieron con alegría la visita del Obispo Alganza, quien compartió junto a los fieles, jóvenes e invitados dos Servicios Divinos llenos de reflexión y comunión.

Centelles – sábado 29

El Servicio Divino en Centelles tuvo como base la palabra de Romanos 14:19:«Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.»

El primer himno, «Más cerca, oh Dios, de ti», llevó al obispo a reflexionar sobre el deseo de acercarse a Dios. Destacó que, cuando el Señor está cerca, todo encuentra su lugar y que acercarse al altar permite al alma encontrar paz y bienestar.

A partir de la palabra del Apóstol Pablo, se recordó una situación de la primera comunidad cristiana, en la que algunos juzgaban a otros por sus diferencias respecto de determinados alimentos y prácticas. Esta actitud había generado enfrentamientos y divisiones.

La reflexión trasladó esta enseñanza a la vida actual, recordando que también puede suceder que se juzgue a los demás por su manera de ser o de actuar, considerándolos débiles o de poca fe, mientras se adopta una posición de superioridad. Frente a ello, la invitación es clara: contribuir a la paz y ayudar a los demás a crecer.

El camino comienza por la paz interior, que se busca en la cercanía con Dios. Desde allí, se extiende a la familia y al entorno cotidiano, para finalmente alcanzar la relación con la comunidad. Aprender a mirar a los demás como Dios los mira permite construir vínculos de paz y favorecer el crecimiento mutuo.

Igualada – domingo 30

Al día siguiente, el Obispo visitó la comunidad de Igualada. Para este Servicio Divino, la palabra fue tomada del Salmo 36:9: «Porque contigo está el manantial de la vida. En tu luz veremos la luz.»

La prédica estuvo centrada en las cuatro guías que acompañan a los hijos de Dios: Dios Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo y el apostolado. La presencia de numerosos jóvenes dio un carácter especial al servicio, que fue también una invitación a vivir con agradecimiento y a dejarse guiar por la luz de Dios.

El Obispo relacionó el mensaje con el significado del nombre Igualada, asociado a la idea de un lugar donde el río se ensancha o donde el río da vida. A partir de ello, expresó el deseo de que la comunidad sea precisamente un lugar de «agua viva», capaz de transmitir vida a quienes la rodean.

A lo largo del Servicio se plantearon distintas preguntas para reflexionar sobre la relación personal con Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo y el apostolado: si se encuentra cobijo en la casa del Padre, cómo se construyen los vínculos con los miembros de la comunidad, si se reconoce que aquello que divide no proviene de Dios y si se comprenden y reciben los impulsos que llegan a través del apostolado.

También participaron en el servir el Ayudante del Dirigente de Distrito y la Diaconisa, quienes enriquecieron la palabra con sus propias experiencias.

El Ayudante del Dirigente de Distrito reflexionó especialmente sobre la relación de los jóvenes con las enseñanzas recibidas de sus padres y recordó que los valores transmitidos a través de las generaciones no pierden su vigencia. También destacó que las enseñanzas de Jesucristo continúan dando orientación a través del apostolado.

Por su parte, la Diaconisa recordó con emoción a los jóvenes presentes, muchos de los cuales habían sido instruidos por ella durante su paso por las escuelas. Verlos reunidos en el Servicio Divino significó una muestra de cómo la luz recibida puede continuar dando frutos.

El Servicio concluyó con la despedida del Obispo, dejando entre los presentes sentimientos de alegría y gratitud por el encuentro compartido. La comunidad quedó con la esperanza de volver a recibirlo próximamente y con la mirada puesta en las próximas confirmaciones de 2027.

Fueron dos jornadas en las que la paz, la unidad y la luz de Dios estuvieron presentes como un llamado a continuar fortaleciendo la vida de las comunidades y a ser, allí donde cada uno se encuentre, un espacio de «agua viva» para los demás.