Somos miembros del cuerpo de Cristo

23.05.2026

La comunidad de Ribera del Fresno celebró un Servicio Divino centrado en la unidad, la inclusión y el valor de cada persona dentro de la Iglesia. A través de la palabra bíblica y de ejemplos cotidianos, se destacó la importancia del servicio silencioso y de la acogida sincera hacia quienes llegan por primera vez.

El sábado 23 de mayo la pequeña comunidad de Ribera del Fresno (Badajoz) celebró con alegría el Servicio Divino mensual y la Fiesta de la Comunidad. La prédica se basó en la palabra de 1 Corintios 12:13: «Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.»

Durante la prédica se reflexionó sobre la imagen del “cuerpo de Cristo”, utilizada por el Apóstol Pablo para explicar que la iglesia de Cristo está compuesta por muchas personas diferentes que han sido bautizadas, que siguen a Cristo y lo confiesan como su Señor. Cristo, que está en las alturas, es la cabeza de ese cuerpo y cada creyente representa un miembro importante dentro de él.

Dios no mide el éxito por la visibilidad sino por la fidelidad

El Pastor hizo hincapié en que ningún miembro es superfluo: todos son necesarios, incluso aquellos que parecen más débiles. Destacó que, dentro de la comunidad, cada persona cumple una función esencial, también quienes realizan tareas sencillas o poco visibles. Para ilustrarlo, comparó la Iglesia con el cuerpo humano: aunque algunos órganos, como el hígado o los riñones, no se ven, son imprescindibles para la vida.

Del mismo modo, en cada comunidad existen personas que trabajan silenciosamente: quien llega antes a poner el aire acondicionado para que la sala esté fresca, o quien hace los arreglos florales en silencio, o la persona mayor que ora por los jóvenes en casa, estos son los órganos invisibles, su trabajo silencioso mantiene vivo al cuerpo. Aunque muchas veces pasan desapercibidos, su labor sostiene y fortalece la vida de la comunidad.  

Otro de los temas centrales fue la inclusión y la acogida. Se habló de la importancia de recibir con cercanía y respeto a quienes llegan por primera vez, independientemente de su aspecto, cultura, idioma o forma de vestir.

El ministerio subrayó que la Iglesia no debe limitarse a “tolerar” a las personas, sino integrarlas de manera activa y sincera, haciéndoles espacio en la mesa. “Beber del mismo espíritu” significa romper el hielo: un gesto sencillo, como acercarse a saludar, conversar o compartir un café después del Servicio Divino, puede marcar una gran diferencia para alguien que llega por primera vez. Si una persona se siente extraña en el banco de la iglesia, el cuerpo está fallando en su función de acoger.

Mientras se desarrollaba el Servicio Divino, la Pastora Dirigente de Sevilla impartió clases a los niños de la comunidad, quienes disfrutaron de una jornada educativa y participativa, en la que pudieron aprender y compartir juntos.

Después del Servicio Divino se celebró la Fiesta de Comunidad, en la que los asistentes pudieron compartir una barbacoa, conversar y dar testimonio de su fe. Entre los presentes se encontraba una invitada que asistía por primera vez y que expresó su deseo de participar en futuros encuentros, feliz de haber vivido el Servicio Divino y agradecida por la cálida acogida recibida.

La jornada dejó un mensaje claro para todos los asistentes: cada persona tiene un lugar y un valor importante dentro de la comunidad, y la verdadera unidad se construye a través del servicio, la cercanía y el amor al prójimo.