Las flores, con su belleza y frescura, ayudan a crear un ambiente digno y armonioso para predisponer el alma a vivir un encuentro con Dios en el Servicio Divino. Como parte de la naturaleza, los adornos florales nos recuerdan la creación de Dios y, al mismo tiempo, resaltan el altar como el centro de la liturgia. El lugar donde se manifiesta la Palabra de Dios y se celebra la Santa Cena.
Diferentes maneras, un mismo servir
Desde colaboradoras individuales a grupos de 15 personas. En familia, integrando a los niños y jóvenes, o con abuelas de más de 80 años. La tarea del arreglo floral se organiza de diferentes maneras atendiendo a las posibilidades de cada comunidad de España.
En localidades como Málaga, Almería o Denia, la labor se organiza mediante grupos de tres a cinco miembros que rotan por turnos de manera asignada o equitativa.
En la comunidad de Málaga, esta ofrenda es compartida por un grupo de cinco fieles, quienes rotan cada semana con el apoyo de otros tres miembros de la comunidad. Además, como sucede también en Valencia, Denia o Fuengirola, en ocasiones especiales se invita a participar a los niños, jóvenes y/o la comunidad en la tarea.
Por su parte, en Valencia cuentan con un amplio equipo para compartir la tarea, con 15 fieles organizadas en grupos de 4 o 5 personas para realizar juntas los arreglos.
Distinta es la situación de comunidades más pequeñas, como Vallada, A Coruña, Ribera del Fresno o Gibraltar, por nombrar algunas. En Vallada esta ofrenda cuenta con la valiosa y alegre participación de dos hermanas mayores que superan los 80 años de edad y tienen una amplia experiencia. Aunque no en todos los casos es así y hay colaboradores que, aunque inicialmente dudaban de sus habilidades, como cuentan desde Sevilla, hoy realizan la labor con felicidad y satisfacción.
En A Coruña, por su parte, es una de las fieles pioneras de la comunidad quien se encarga de realizar los arreglos florales, desde hace unos 48 años. Los elabora en su casa, a unos 40 km de la comunidad, donde cuenta con una finca dedicada a las plantas y flores que destina a esta ofrenda, y con un antiguo altar de la comunidad que le sirve de referencia para la elaboración de los ramos.
En otras comunidades como Ribera del Fresno, que no dispone de un local propio, los Servicios Divinos se celebran una vez al mes en el hogar de un hermano, donde se acondiciona el espacio con sencillez, el altar se dispone sobre una mesa y se adorna con flores decorativas artificiales. Y en Gibraltar, una pequeña comunidad de ocho miembros, todos colaboran en las tarea y dos hermanas realizan los arreglos florales en especial para visitas de Apóstol, Obispo y actos como bautizos, bodas, Navidad, Pascua.
Por su parte, en Igualada el arreglo se comparte en familia. Allí, se asigna a una familia diferente para cada Servicio Divino y son los miembros quienes se ocupan de la tarea cada domingo.
La esencia de la preparación y los materiales
El proceso creativo comienza en los días previos al Servicio Divino, con la elección de flores, verdes y demás elementos necesarios. Como sucede con las tareas dentro de la iglesia, se busca que sea el Espíritu Santo el que guíe los dones e inspire un adorno que trascienda lo estético y humano.
La selección de los elementos busca establecer un hilo conductor que acompañe el texto bíblico, el tiempo litúrgico o el carácter de cada celebración. Y, como manifiestan desde Málaga, se cuida cada detalle para que la belleza enmarque el momento sagrado con armonía y respeto.
Siempre que es posible se da prioridad al uso de flores naturales de temporada, adaptándose al ciclo del año. Por ejemplo, en la comunidad de San Sebastián se utilizan calas o lirios en primavera, y hortensias entre finales de primavera y finales de verano. En esta misma comunidad, el mantenimiento de unos jardines por parte de un miembro facilita que la poda de calas y hortensias sirva para el altar.
Inclusión y días especiales
Las grandes festividades dentro de la Iglesia Nueva Apostólica —como Pascua, Adviento, Navidad, el Día de Agradecimiento, los Servicios Divinos en ayuda a los Difuntos o las visitas de portadores de ministerio como el Apóstol— transforman la preparación en una actividad compartida a mayor escala. En Fuengirola y Sevilla, ante estas ocasiones especiales, la labor se abre a toda la comunidad y todos se reúnen para colaborar en la decoración.
Una mención especial merece la participación de las nuevas generaciones. En comunidades como Málaga, Denia y Valencia, se invita activamente a los niños a participar. Específicamente, cuando llega el Servicio Divino de niños, son ellos mismos quienes colaboran preparando con entusiasmo el adorno del altar.
La tarea de los arreglos se comparte en Tarragona con la limpieza de la capilla, es decir, que los encargados del arreglo floral de cada domingo también se ocupan de la limpieza de la iglesia. También en Barcelona se realizan sinergias entre estas tareas y si el arreglo del altar coincide con la “Fiesta de la Limpieza”, quienes colaboran con las flores también ayudan con la tarea de acondicionar la comunidad.
Trabajo planificado
Según el tamaño de los equipos, las comunidades se apoyan en una cuidadosa organización interna. La gestión de los turnos se realiza mediante planes, calendarios y programas que se diseñan con anticipación, y la coordinación se agiliza a través de grupos de WhatsApp, como ocurre en Fuengirola y Sevilla. Mientras en Fuengirola se utiliza un plan mensual donde cada hermana se encarga de un domingo y del Servicio Divino de entre semana, en Sevilla se elabora un calendario más extenso cada cuatro meses.
Además de la organización del tiempo, para que esta labor se desarrolle es necesaria la gestión de las flores, ya sean un aporte de los miembros o sea necesaria su compra. Por ejemplo, en Almería, la persona responsable de cada grupo asume la compra de las flores en su día de Servicio Divino (miércoles o domingo) y, posteriormente, el importe es reembolsado. También es necesario el cuidado y preparación durante la semana para que las flores se mantengan frescas.
Así, el adorno floral va más allá de lo visible. Sin importar las posibilidades de utilizar flores naturales, de colocar grandes adornos o pequeños detalles en la sacristía o en la entrada de las iglesias, el arreglo de las flores es un verdadero servicio dentro de la iglesia. Una forma sencilla pero significativa de servir a Dios y a los demás miembros de las comunidades, a través del cuidado del altar.