El escenario no podía ser mejor. Tras varias horas de carretera, la Isla de Zuhatza se transformó -para los 48 participantes- en un oasis de desconexión. Con sus aguas tranquilas, rodeadas de montes naturales; sus cabañas aisladas y actividades acuáticas para todos los gustos, hizo que los jóvenes tuvieran la oportunidad de divertirse, conocerse y también de reflexionar acerca de su fe. Una preparación para lo que vivirán en el mes de septiembre en el encuentro a nivel Nacional.
La jornada comenzó el viernes 26 con la llegada a Zuhatza. Tras una merienda compartida, los esperaba una embarcación para llevarlos a la isla. Uno de los jóvenes dio inicio con una oración en común y hubo luego oportunidad de jugar al volley, adivinar canciones, cenar juntos y compartir algunas experiencias de fe.
Ya el sábado, los esperaba un día cargado de actividades. Tras el desayuno, el grupo se dividió en dos para participar en las actividades acuáticas alrededor de la isla: remo e hidropedales- donde no faltaron las guerras de agua.
Por la tarde, se dedicó un momento especial para la preparación del Servicio Divino del día siguiente, poniendo la mirada en la intercesión por los difuntos. Los jóvenes colaboraron para realizar un cartel conmemorativo: en el centro, se ubicaba un puente hecho de pequeñas ramas y hojas recolectadas que simboliza la unión entre las dos orillas, con el lema del año. Sobre el mismo, las manos pintadas de todos los jóvenes. Y, debajo de ese puente, cada uno escribió una frase, palabra o nombre por el que interceder en el Servicio Divino en ayuda a los difuntos. También hubo un deseo: ¡Nos volveremos a ver!
Hubo además otro momento destacado. Durante las actividades acuáticas de la tarde, uno de los guías contó que un pueblo se había inundado al crear el embalse, y algunos restos de la iglesia y el cementerio permanecían en la isla. Los jóvenes y referentes se trasladaron hasta el lugar e hicieron una oración por esas almas, entonando luego el himno “Más allá, meditad en que hay un hogar”, a pedido de uno de los presentes.
De la duda a la confianza
El momento cúlmine llegó el domingo, con el Servicio Divino. Los jóvenes prepararon la sala común del campamento y recolectaron troncos, piñas y algunas ramas con flores para decorar el altar. Detrás, enmarcando la hora, colgaba el cartel en ayuda a los difuntos.
Las palabras suplicantes de un padre a Jesús: «Creo; ayuda a mi incredulidad» (Marcos 9:24) fueron la base para la prédica. Y el mensaje giró en torno a la confianza, al deseo que que nuestra fe se desarrolle y madure a pesar de las incertidumbres.
“En la juventud, cuántas veces se presentan situaciones de incertidumbres. Dudamos de cómo decidir, de cómo enfrentar una situación”, dijo la Pastora de Madrid, pero “como hijos de Dios queremos pedirle: Padre, quiero creer”.
Para reconocer la duda y pedir la ayuda de Dios, es necesario ser honestos, abrir el corazón. “Eso significa que nuestra fe puede seguir madurando, que quiere ser sólida. Queremos cuidar de nuestra fe. Queremos que crezca, que se desarrolle”, continuó la Pastora durante la prédica, y recordó algunas certezas que pueden ser de ayuda en momentos de dificultad:
- La promesa de Jesús: “Estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.
- Las armaduras con las que contamos para enfrentar el miedo: el Espíritu Santo, el amor, la fe.
Ante el clamor de ese padre por su hijo, Jesús respondió: “Si crees, todo es posible”.
La Pastora de Bilbao añadió que tener dudas no es un fracaso de la fe. “A veces pensamos que tenemos que ser perfectos, Dios sabe lo que hay en tu corazón, no se enoja de tu cuestionamiento porque es parte de tu sinceridad”, explicó a los jóvenes que escuchaban con una mirada atenta.
Los animó asimismo a probar su fe, a trabajarla y a poner de su parte para que pueda crecer.
También fueron llamados a colaborar en la prédica el Diácono de Mallorca y la Diaconisa de A Coruña, quienes alentaron a los jóvenes a recordar que tenemos a Dios a nuestro lado y a acercarnos a Él a través de los asistentes espirituales y la oración.
Pronto llegó el momento de volver a casa, pero con el corazón colmado de alegría por el reencuentro. Entre abrazos y risas los jóvenes se despidieron con un claro deseo: ¡volverse a ver en la Jornada Nacional en Madrid del 18-20 de septiembre!