Tengo un lugar donde volver

09.08.2026

Pese a tratarse de una fecha de verano, el 9 de agosto casi 140 asistentes decidieron acudir a la iglesia en Madrid para tener un encuentro religioso, en un Servicio Divino oficiado por el Apóstol Rolf Camenzind.

Ven al altar

Cuando el coro finalizó el canto de inicio “Ven al altar”, el Apóstol sacó una bonita conclusión: «Noto que en la casa del Señor reina la paz. No la perdamos, ¡dejemos todo en manos de Dios!»

En Filipenses 2: 3-4 se puede leer: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;  no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.“ Este pasaje bíblico fue el hilo conductor del Servicio Divino.

El Apóstol Pablo muestra su preocupación por los Filipenses. Jesús ya no estaba en la tierra, las comunidades empezaban a tomar forma, pero no todo salía como lo tenía previsto Pablo. «¿Hacemos las cosas en la comunidad porque nos sentimos mejores que otros?», preguntó el Apóstol.

En un Servicio Divino, el Apóstol Mayor habló sobre la humildad: «Es algo que va en contra del valor de cada uno». De la parábola del hijo pródigo podemos aprender que el padre perdonó todo, se alegró por el regreso del hijo, no juzgó. El Apóstol continuó: «Pero también entendemos al hermano mayor que no entendía el motivo de la alegría… Pensemos en la palabra bíblica de hoy: ¿Cómo veo a mi hermano en la comunidad? ¿Estoy agradecido por lo que Dios hace con él o con ella? Todos tenemos los mismos derechos.»

Vivir la fe

Incluso estando preso, el Apóstol Pablo se preocupaba por sus hermanos y quería compartir la alegría de su fe. «¿Qué hacemos nosotros en tiempos difíciles? ¿Nos quejamos y decimos que no es justo, o queremos vivir nuestra fe?», dijo el ministerio.

En el amor no hay temor

«Ser humilde no significa ser un perdedor», aclaró el Apóstol Camenzind. «Hay un Padre que está por encima de ti. Como el hijo pródigo, podemos equivocarnos sabiendo que tenemos un lugar al que podemos volver.»

Para ello, es necesario vencer el miedo y hacer las cosas por amor, como lo hizo Jesús, con paciencia. «No estamos solos en el camino y me alegro de que otros también se preparan para la venida de Jesús.»

Firmeza en el propósito

«Una de las palabras claves es la paciencia, dijo un Diácono. «No nos fijemos en detalles de los demás sin importancia. Las cosas pequeñas, con el tiempo, pueden hacerse grandes y pueden explotar en nuestra cara… Y a veces el ego de uno puede ser un obstáculo.» No perdamos de vista cuál es nuestro objetivo.

Por su parte, el dirigente de la comunidad expuso un ejemplo muy reconocible: «La suciedad del otro también se tiene que limpiar, nos guste o no.» Con estas pequeñas muestras podemos hacer mucho bien, aunque otros “tienen la culpa”. «No apuntemos con el dedo, no digamos: “Yo lo sé mejor”, sino digamos: “¡Yo quiero ayudar!”»

Santo Sellamiento e institución ministerial

Dos personas pudieron recibir el don del Espíritu Santo. «Esto es algo muy grande y precioso, pero no se puede comprar en ningún sitio. ¿Qué hacemos con este valioso regalo? Debemos nutrir nuestra alma con la Palabra, quitar pesos innecesarios a través del perdón de los pecados.» Y algo muy bonito: «Si tengo problemas en la fe, puedo hablar con Dios, pedir consejo al Espíritu Santo. Dios no nos abandona.»

Ni mejores, ni peores

«Somos herramientas en manos del Señor», dijo el Apóstol a los dos Diáconos que iban a recibir el ministerio de Pastor. «No sois mejores, ni peores que los que no han recibido este ministerio, pero sí tenéis una autoridad y una responsabilidad. Cumplid vuestra nueva tarea con amor, con alegría y con humildad», fue el último consejo.