Todo comenzó con un deseo sencillo pero profundo. Una integrante del coro, al ver la gran cantidad de ministerios que sirven en la comunidad de Valencia, pensó en lo hermoso que sería que ellos preparasen algunos himnos para entonar en el Servicio Divino.
Ese sentir, nacido del amor, encendió una idea que pronto se transformó en propósito compartido.
Los ministerios de la comunidad prepararon, con dedicación y entrega, dos himnos como obsequio para toda la iglesia. Hubo ensayos en casas, momentos después de los Servicios Divinos para seguir practicando, voces que se afinaban una y otra vez, y corazones que se unían con un mismo sentir.
Cada ministerio ensayó hasta el mismo día del regalo. Porque cuando algo nace del corazón, también se prepara con el corazón.
Al tratarse de un coro masculino, la diaconisa y una colaboradora tuvieron la hermosa tarea de presentar los himnos y transmitir el mensaje que en ellos se expresaba.
El primero de ellos fue Consuelo Divino, inspirado en el Evangelio de Lucas 7:11–15. Allí vemos a Jesús acercarse a una madre que llora la muerte de su único hijo. Movido a compasión, le dice: “No llores”, y tocando el féretro, devuelve la vida al que había muerto.
Ese mismo consuelo sigue vigente hoy: el Señor ve nuestra angustia y nos susurra al alma: “No llores; que contigo estoy.”
El segundo himno, Retén tu Corona, se basa en Apocalipsis 3:11 y en la Epístola a los Romanos 13:12. Ambos textos se unen en un mismo llamado: vivimos tiempos de lucha y transición, pero Dios nos anima a perseverar, a no bajar los brazos y a mantenernos fieles hasta el final.
El mensaje es claro: luchemos con valor. La corona espera a quienes perseveran. Más que un canto, fue una expresión de unidad, gratitud y fe.
Y así, en Valencia, continúan las alegrías… Porque cuando Dios bendice, el corazón solo quiere compartir.